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Ivano Ferrari: Hay quien se pregunta si yo amo (Qualcuno si chiede se io ami)

home_kano_cavalli2_bisQualcuno si chiede se io ami
se durante il giorno cerco
o risolvo, se almeno vedo.
Quando guardano le mie labbra
o le mie mani
e più maliziosamente giù, fra le cosce
sento sul corpo le domande
che mi attraversano
come una forca farebbe con la paglia.
Se faccio sanguinare il vento
se trasformo le foglie fredde
in involtini di carne,
se i cavalli bianchi del mio rinascimento
sono esposti sul bancone di una macelleria
non rinuncia alla mia umanità come voi del resto.

hombre

Hay quien se pregunta si yo amo
si durante el día busco
o decido, si por lo menos veo.
Al mirarme los labios
o las manos
y más obscenamente abajo, entre los muslos
advierto en el cuerpo las preguntas
que me atraviesan
igual que lo haría una horca con la paja.
Si dejo sangrar el viento
si convierto las hojas frías
en rollitos de carne,
si los caballos blancos de mi renacimiento
están expuestos en la vitrina de una carnicería
no renuncio a mi humanidad como todos vosotros, por lo demás.

De Macello, 1975
Traducción de Flavia Cascio
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Guido Gozzano: Abuelo (Nonno)

La Via del rifugio es resultado de una rígida selección empezada por el mismo autor en 1905. En ella se cuentan veinticinco poemas en los que destacan momentos de vida cotidiana relatados con objetos cargados de significado y de memoria. El turinés Guido Gozzano, recorriendo al artificio de la ironía, huye de lo que se considera una mera celebración de la historia y la sustituye con una nítida percepción de la realidad. El poema IV de “I Sonetti del ritorno” inaugura una meditación sobre el tiempo y la vida, sin dejar apartados el sentido de nostalgia y de nihilismo.

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I SONETTI DEL RITORNO

IV

Nonno, l’argento della tua canizie
rifulge nella luce dei sentieri:
passi tra i fichi, tra i susini e i peri
con nelle mani un cesto di primizie:

«Le piogge di Settembre già propizie
gonfian sul ramo fichi bianchi e neri,
susine claudie… A chi lavori e speri
Gesù concede tutte le delizie!»

Dopo vent’anni, oggi, nel salotto
rivivo col profumo di mentastro
e di cotogna tutto ciò che fu.

Mi specchio ancora nello specchio rotto,
rivedo i finti frutti d’alabastro…
Ma tu sei morto e non c’è più Gesù.

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LOS SONETOS DEL RETORNO

IV

nnnnnAbuelo, el argénteo color de tu canicie reluce en el fulgor de los senderos: recorres los arboles de  higos, peregrinas por los ciruelos y atraviesas los perales llevando entre las manos una canasta de frutas y con tu voz vas llenando: «Las propicias lluvias de Septiembre inflan en la rama higos blancos y negros, ciruelas claudias… ¡A los que laboran y perseveran Jesús confiere todas las delicias!». Veinte años después, ahora, sentado en el canapé, revivo con la fragancia del mentastro y del membrillo todo lo que fue. Sigo mirando aún el espejo roto, vuelvo a otear la simulada fruta del alabastro… Pero tú has muerto y ya no está Jesús.

De La Via del rifugio, 1907.
Versión de F. C.

Eugenio Montale: La anguila (L’anguilla)

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L’ANGUILLA

L’anguilla, la sirena
dei mari freddi che lascia il Baltico
per giungere ai nostri mari,
ai nostri estuari, ai fiumi
che risale in profondo, sotto la piena avversa,
di ramo in ramo e poi
di capello in capello, assottigliati,
sempre più addentro, sempre più nel cuore
del macigno, filtrando
tra gorielli di melma finché un giorno
una luce scoccata dai castagni
ne accende il guizzo in pozze d’acquamorta,
nei fossi che declinano
dai balzi d’Appennino alla Romagna;
l’anguilla, torcia, frusta,
freccia d’Amore in terra
che solo i nostri botri o i disseccati
ruscelli pirenaici riconducono
a paradisi di fecondazione;
l’anima verde che cerca
vita là dove solo
morde l’arsura e la desolazione,
la scintilla che dice
tutto comincia quando tutto pare
incarbonirsi, bronco seppellito;
l’iride breve, gemella
di quella che incastonano i tuoi cigli
e fai brillare intatta in mezzo ai figli
dell’uomo, immersi nel tuo fango, puoi tu
non crederla sorella?

Montale1

LA ANGUILA

Anguila,
sirena de los fríos mares que al Báltico arrincona,
a nuestros piélagos se arrima
y en nuestros ríos y estuarios arriba,
vuelve de la profundidad
bajo la funesta riada,
decreciente,
de rama en rama,
de cabello en cabello,
se adentra, penetra las entrañas de la piedra
rezuma entre los limos y las briznas de agua turbia,
hasta que un día el fulgor que lanzan los castaños
su esguince alumbra en charcos de agua muerta,
en fosos que de los Apeninos nacen y en la Romagna mueren;

anguila, látigo y antorcha,
flecha de amor terrestre,
los álveos pirenaicos
y los yermos riachuelos
la conducen tan solo a paraísos de fecundación;
alma verde que vida busca en donde
zahieren la sequía y la desolación;

bronquio inhumado,
rayo que proclama
todo tiene su inicio
cuando todo se apaga,
efímera pupila, gemela
de aquella que engastan tus pestañas
y a la que dejas vislumbrar, intacta,
las hazañas del hombre
en el barro sepultadas, ¿acaso puedes
no pensarla hermana?

De La bufera e altro, 1956.
Versión de F.C.