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ʿUmar ibn Abī Rabīʿah: Hind.

Georgia O'Keeffe

HIND*

Tierna joven que orquídea y granizo muestra cuando con sus hermosas perlas brilla,
néctar de profundos ojos confrontados, cuello, hermosura indolente de mujer,
amor que es brisa del estío cuando abrasa el idus de julio,
cobijo bajo la noche glacial de invierno cuando al joven cubre.
Recuerdo cuando le hablé mientras fluía el llanto, caudal de mí:
¿quién eres tú?. Y díjome ella: soy quien languidece ante pasión, a quien la tristeza desola,
somos gente de Jayf, de la familia de Mina y no se nos clama por la sangre derramada,
y dije: ¡Saludos a mi anhelo!, ¡nómbrate!. Dijo: soy Hind.
Ciertamente mi corazón trastornado se tornó cual cota de malla encauzada por Longinus,
ciertamente tú y yo somos una sola, nuestras gentes abrazan el mismo linaje.
Dicen que con lazada me ha hechizado, ¡excelsa atadura deseada!
Siempre que pregunto por nuestro encuentro, bendita risa descarada: pasado mañana.

Siglo VIII, época Omeya. 
Versión de A. F.
*Esperamos poder subir en breve el texto en la versión original en lengua 
árabe de este poema.

Majnun Layla (مجنون لیلی)

Durante el primer siglo musulmán, el que se concreta bajo el mandato Omeya (661-750), aparece una poesía destinada a narrar el amor del hombre beduino por una sola mujer. Una mujer que le es negada y que no poseerá nunca. Este amor desgarrador que lo llevará a la tumba encuentra su expresión en la desesperanza, que anidará en los poemas de esta corriente. Desligada de la poesía que se realiza en el Hiyaz, la poesía udhrí trascenderá el tiempo y el espacio, pues sus autores se erigen como leyendas del amor puro y no consumado, llegándonos sus historias hasta la actualidad. Aunque no hay que olvidar que estas composiciones impregnadas del neoplatonismo y el amor cortés árabe son configuradas en época bagdadí, lo cual no deja de ser un artificio que las aleja de la poesía auténtica de la época. Aun siendo una poesía de creación, es el contexto omeya el que impera. De entre los autores característicos del movimiento, el más relevante y emblemático será Majnun, cuyo nombre, como el del resto de poetas de esta corriente, está compuesto por su propio nombre y el de su pareja, Layla.

Majnun y Layla vivieron amándose hasta el ultimo aliento. Sin embargo, jamás pudieron consumar su amor a través del matrimonio. Layla tuvo que casarse por prescripciones familiares con otro hombre, lo que llevó a Majnun a la locura -algo redundante, pues Majnun en árabe ya significa loco o enfermo de amor-, a abandonar su tribu y a recorrer azarosamente el desierto hasta que la pena le arrebató la vida. Una de las leyendas más famosas nos cuenta que Layla, al conocer la muerte de su amado, va a visitarlo a su tumba y una vez allí, al darse cuenta de la pérdida, morirá abrazada a la lápida de su único amor en vida.

Os traemos hoy uno de los poemas que ha llegado a nuestro tiempo bajo autoría de Majnun.

Majnun

MAJNUN LAYLA

Dice que aburrido está tu corazón

y ella es para tu amor como tu amor es para ella,

interpón el corazón a la razón,

y si hallas tentación de olvido, extráela.

Blanca delicia divina, creada y moldeada,

hecha de elegancia, preciso colmo de dones.

Escondo con fervor amor entre mis vísceras,

si amaneciera, amor sobre su cuerpo, ella se haría mía.

Pernocta el ardor bajo mis costillas,

si bajo su almena yaciera, me apoderaría de ella.

Cercenó su amor y le dije a mi compañero:

lo que para nosotros era inmenso, lo encuentro ínfimo en ella.

 Arabia, época Omeya (Siglo VII de nuestra era)
   Versión de A.F.

Al-Mu’tamid Ibn ‘Abad (المعتمد بن عباد): El paso de las perdices (بَكيتُ إِلى سربِ القَطا إِذ مَرَرنَ بي)

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EL PASO DE LAS PERDICES

Lloré con el fluir de las perdices cuando de mí se alejaban
libres, sin el impedir de una cárcel, sin grilletes;
y no es –Dios me libre envidia,
sino la melancolía del tiempo en que era como ellas,
y volaba libre, y mi bandada era una, y las vísceras
no me quebraban, y a mis ojos el dolor de la pérdida no hacía llorar.
Buena suerte a ellas que todas son una,
y ninguna ha probado la suerte de sus gentes separadas;
volando con sus corazones, ninguna duerme como yo,
atento a la puerta de una cárcel o al resonar de un candado,
pues es lo que yo sufro y lo que me sucede
algo ya descrito desde antaño por los corazones de la humanidad.
Para mi alma espero dispuesto la muerte certera,
quiera otro la vida engrilletada a sus piernas.
¡Dios!, protege a las perdices y sus crías
ya que a las mías las traicionó el agua y la sombra.

Para consultar el original en árabe aquí.
N
Al-Mu’tamid Ibn ‘Abad: El paso de las perdices.
Versión de A.F.