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Ibn al-Muqaffaʿ: Calila y Dimna–El mono y la tortuga (كليلة ودمنة: القرد والغيلم)

Son muchas las versiones tanto en árabe como en otros idiomas que hoy circulan de los relatos de Calila y Dimna pues su importancia transgrede los límites lingüísticos y culturales dando lugar a una obra puramente universal. Desde Seven CrossWays somos conscientes de ello y hoy os presentamos un pequeño relato que se encuentra inserto en esta gran colección de cuentos, El mono y la tortuga. Para consultar el original en árabe del que procede la traducción podéis acudir al siguiente PDF, cabe destacar que no se corresponde con una edición académica sino a una versión moderna y libre. Para consultar una edición de la obra filológica de Cheihko (1905) ver este enlace.

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Dijo el rey al filósofo:
-Ya que has concluido con este tema, cuéntame alguna fábula sobre Calila y Dimna, esa obra de la que habla la gente en éste y en el otro mundo. Si bien un libro que ejemplifica tantas virtudes necesarias para el hombre.
El filósofo contestó:
-Una de las cosas que salvan al hombre es su búsqueda de la verdad; y no hay más verdadero que la virtuosidad del buen hombre. No seguir un camino adecuado y no aprender de las dificultades a las que son sometidos protagonistas y secundarios puede ocasionarnos más de un conflicto. Lo ilustra bien los cuentos de Calila y Dimna.
-Contadme sobre ella- pidió el rey.
El filósofo relató:

Dicen los grandes estudiosos de la literatura que Calila y Dimna es una de las mayores aportaciones a la literatura universal. Una obra antiquísima en su redacción primigenia, de la que nos han llegado a estos tiempos más de veinte traducciones y recreaciones. Dicen que una de las mejores traducciones la acometió el iraní Ibn al-Muqaffaʿ, y de ella es la reseña que ha llegado a nuestras manos.
Dicen que es tan antigua que la primera redacción no fue en el árabe que conocemos sino en el sánscrito, la lengua de las lejanas tierras del este. Que era parte de una obra llamada Panchatantra, que viajó indudablemente por miles de regiones extranjeras en las que cautivaba a todo aquel que escuchase sus historias.

El autor Ibn al-Muqaffaʿ es quien nos lo trae, quien nos lo traduce a nuestra lengua, el árabe. Impregna la obra con su estilo, pues él, aúna en sí la universalidad de la razón, tanto lo persa como lo griego en el cuerpo de lo árabe. Un estilo que se caracteriza por la concisión, el método racional en la redacción y la coherencia de las ideas. Emplea con moderación las formas retóricas y encuentra un perfecto equilibrio entre la riqueza árabe y la claridad indo-europea. En un encadenamiento constante, que recuerda al de Las Mil y una noches, el rey Dibxalim plantea una cuestión para que el ilustre filósofo alcance la solución satisfactoria en forma de moraleja. ¿Acaso no es asombroso, mi señor, cómo el autor teje una red de cuentos donde estructurar la magnánima enseñanza?”

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EL MONO Y LA TORTUGA

Érase una vez un mono que vivía encima de una higuera cargada de frutos, en frente a un estanque de agua. Un día estaba el mono comiendo higos y cayó uno de ellos al agua, debido a lo cual escuchó el ruido de su caída: ¡buuuum!, y se formaron anillos en el agua que rápidamente crecieron y desaparecieron. El mono se asombró por el sonido y el brillo de los anillos y empezó a comer frutos y a lanzar otros al agua para escuchar y mirar esta preciosa visión.

Por casualidad, por el lugar había una tortuga que había empezado a comerse los higos que había lanzado el mono y que pensó que el mono había lanzado los frutos a propósito. Así, con el pasar de los días surgió entre ellos dos una bonita amistad. La tortuga no apareció por su casa por un tiempo y pasó la mayor parte de sus horas con su amigo el mono.
Su esposa, afligida por la inquietud y molesta por esta larga ausencia, fue a su vecina a quejarse de la desaparición de su esposo y a informarla de la amistad que le vinculaba con el mono. Después de que la vecina pensara largamente, le dijo a la tortuguita:
––Tienes que fingir estar mala este día y, cuando llegue tu esposo por la tarde, decirle que el médico te ha recetado corazón de mono; si no lo comes, morirás.
Por la tarde, cuando regresó la tortuga a casa, su mujer aparentó su enfermedad y le dijo lo que le había aconsejado su vecina, y la tortuga respondió:
–– ¿Y de dónde sacamos un corazón de mono?
Y le dijo la tortuguita:
–– Para ti, un amigo de los monos, será fácil matarlos y traerme su corazón.
Y dijo la tortuga:
––Ciertamente, esto es una traición y una deslealtad para con la amistad y los amigos… ¿Y cómo lo haré?
Y le respondió la tortuguita:
––Yo sé que tú no me amas y no te preocupa que muera, y que quieres más al mono que a mí.
Y empezó a llorar insistentemente. La tortuga, pobre de sí, se entristeció y empezó a pensar profundamente y con desconcierto sobre los dos asuntos: el sacrificio de su esposa o el de su amigo. Y después de un largo silencio le dijo a su esposa:
––No tengo más que invitar al mono a nuestra casa y lo mataremos para tomar su corazón. Te lo comes y así te curarás.

Al siguiente día fue la tortuga a su amigo el mono y lo invitó a tomar el almuerzo en su casa, y el mono le respondió diciendo:
––Que tú, tortuga amiga mía, resides en una isla en medio del agua y yo no sé nadar, ¿cómo iré a tú casa?
Y dijo la tortuga:
––Yo te transportaré sobre mi caparazón.

El mono accedió, bajó de su árbol y montó sobre el caparazón de la tortuga, y cuando ambos llegaron al medio del agua la tortuga se detuvo y le sobrevino la inquietud, así que el mono le dijo:
––¿Por qué te detuviste, amigo mío?
Y le respondió la tortuga diciendo:
––Quiero que conozcas bien la verdad: ciertamente mi mujer está enferma y el médico le ha recetado corazón de mono, y no conocemos a ningún mono excepto a ti, por ello pensé en matarte y coger tu corazón para que se lo coma mi mujer y así se cure.
A lo que le respondió el mono diciéndole:
––¡Tortuga, amiga mía! ¿Por qué no me has informado de esto cuando estaba encima del árbol? Porque nosotros ––en la comunidad de los monos–– no llevamos nuestros corazones cuando salimos de casa al encuentro de un amigo, lo dejamos en casa o con la familia. Para así no enamorarnos de otras mujeres que nos intenten robar el corazón, incluso si nos prendemos de ella. Entonces si me llevaras al árbol podría traerte mi corazón.
La tortuga creyó en las palabras del mono y volvió con él al árbol. Cuando llegó, el mono, a la orilla, le dijo a la tortuga:
––¡Vete, avaro! Tú no eres un amigo. Ciertamente mi corazón esta aquí, en mi pecho, y has perdido la ocasión, y las ocasiones no vendrán dos veces.

 

 Bagdad, época abbasí (Siglo IX de nuestra era)
 Versión de A.F.
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