Archivo del Autor: Ezequiel Moreno

Acerca de Ezequiel Moreno

Sevilla, 1991. Graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla, se dedica tanto a la investigación como a la traducción literaria.

Maya Angelou: Lección (The Lesson)

The Lesson

I keep on dying again.
Veins collapse, opening like the
Small fists of sleeping
Children.
Memory of old tombs,
Rotting flesh and worms do
Not convince me against
The challenge. The years
And cold defeat live deep in
Lines along my face.
They dull my eyes, yet
I keep on dying,
Because I love to live.

 angelou

Lección

Y sigo muriendo de nuevo.
Las venas se dilatan, se abren como
los diminutos puños de los niños
que están durmiendo.
Recuerdo de las tumbas viejas,
carne podrida y gusanos no
consiguen persuadirme contra
el desafío. Los años
y la fría derrota yacen
por las arrugas de mi cara.
Ellos ciegan mis ojos, todavía
sigo muriendo…
porque amo vivir.

De And Still I Rise, 1978.
Versión de E.M.
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Robert Frost: Estrellas (Stars)

National Geographic

National Geographic – NASA

STARS

How countlessly they congregate
O’er our tumultuous snow,
Which flows in shapes as tall as trees
When wintry winds do blow!–

As if with keenness for our fate,
Our faltering few steps on
To white rest, and a place of rest
Invisible at dawn,–

And yet with neither love nor hate,
Those stars like some snow-white
Minerva’s snow-white marble eyes
Without the gift of sight.

ESTRELLAS

Cuán incontablemente se congregan
sobre la nieve nuestra, abundante,
que se eleva como la forma alta de los árboles
cuando soplan los vientos invernales.

Como si con fervor por nuestro sino,
nuestros dudosos, escasos pasos que avanzan
hacia el blanco descanso, y un lugar de descanso
invisible al amanecer,

y sin amor, tampoco odio, en cambio,
esas estrellas como el blanco nieve
de los ojos de mármol de Minerva,
níveos, sin el regalo de la vista.

De A boys's Will (1915). 
Traducción de E.M.

Philip Larkin: Alborada (Aubade)

AUBADE

I work all day, and get half-drunk at night.
Waking at four to soundless dark, I stare.
In time the curtain-edges will grow light.
Till then I see what’s really always there:
Unresting death, a whole day nearer now,
Making all thought impossible but how
And where and when I shall myself die.
Arid interrogation: yet the dread
Of dying, and being dead,
Flashes afresh to hold and horrify.

The mind blanks at the glare. Not in remorse
—The good not done, the love not given, time
Torn off unused—nor wretchedly because
An only life can take so long to climb
Clear of its wrong beginnings, and may never;
But at the total emptiness for ever,
The sure extinction that we travel to
And shall be lost in always. Not to be here,
Not to be anywhere,
And soon; nothing more terrible, nothing more true.

This is a special way of being afraid
No trick dispels. Religion used to try,
That vast moth-eaten musical brocade
Created to pretend we never die,
And specious stuff that says No rational being
Can fear a thing it will not feel, not seeing
That this is what we fear—no sight, no sound,
No touch or taste or smell, nothing to think with,
Nothing to love or link with,
The anaesthetic from which none come round.

And so it stays just on the edge of vision,
A small unfocused blur, a standing chill
That slows each impulse down to indecision.
Most things may never happen: this one will,
And realisation of it rages out
In furnace-fear when we are caught without
People or drink. Courage is no good:
It means not scaring others. Being brave
Lets no one off the grave.
Death is no different whined at than withstood.

Slowly light strengthens, and the room takes shape.
It stands plain as a wardrobe, what we know,
Have always known, know that we can’t escape,
Yet can’t accept. One side will have to go.
Meanwhile telephones crouch, getting ready to ring
In locked-up offices, and all the uncaring
Intricate rented world begins to rouse.
The sky is white as clay, with no sun.
Work has to be done.
Postmen like doctors go from house to house.

ALBORADA

Todo el día trabajo y, de noche, estoy bebido.
Despierto al negro mudo, son las cuatro, y observo.
En nada las cortinas serán día en sus filos.
Veo lo que está ahí siempre, hasta entonces, cierto:
incansable, la muerte hoy un día más cerca
volviendo inútil, menos el cómo, toda idea,
y el dónde y cuándo voy, yo mismo, a morir.
Interrogante árido, sin embargo el miedo
de morir y estar muerto
brilla para espantar otra vez, resistir.

La mente, en blanco al alba. No es por sentir la culpa
–el bien no hecho, el amor que no se ofrece, el tiempo
ajado y vuelto estéril– ni tristemente a causa
de que solo una vida larga es para un ascenso
libre de los erróneos inicios, si se alcanza;
mas sí por el eterno vacío que acapara,
la segura extinción donde estamos viajando,
donde nos perderemos siempre. No estar aquí,
ningún lugar sentir,
ya pronto. Nada más terrible, más exacto.

Es la forma especial de vivir el temor
que ningún ardid borra. La religión lo busca,
apolillado y vasto brocado de canción
para fingir que no vamos a morir nunca.
Y ese rollo que dice: “Ningún ser racional
puede temer lo que no siente”, sin hallar
que ése es justo el miedo –sin vista, sin oído,
sin tacto, gusto, olfato, para pensar no hay nada,
para amar o unir, nada.
La anestesia de la que nadie cobra el sentido.

Y permanece al lado justo de la visión,
pequeña incierta mancha, duro frío tenaz
que reduce el impulso hasta la indecisión.
Aunque no ocurran muchas cosas, ésta lo hará,
y su realización se verá propagada
en un miedo infernal cuando ello nos atrapa
sin gente o sin bebida. El valor, inservible:
sólo quiere decir no asustar. Ser valiente
no libra de la muerte.
La muerte no es, con lloros o aguante, dirimible.

Lenta, la luz se expande y el cuarto toma forma.
Simple como un armario, nuestro saber de pie,
lo que siempre supimos: huir no está en la norma,
y aún no lo aceptamos. Uno habrá de ceder.
Los teléfonos, mientras, para sonar se ciñen
en oficinas bajo llave, y el insensible
alquilado y complejo mundo va a despertar.
El cielo, sin el sol, como la arcilla blanco.
Hay que hacer el trabajo.
Carteros cual doctores de casa en casa van.

De Times Literary Supplement, 1977.
Versión de E.M.