Rainer Maria Rilke: La trilogía española I (Die spanische Trilogie I)

La personalidad errante de Rainer Maria Rilke le llevó a vivir en más de cincuenta residencias distintas y a realizar numerosos viajes, de los que el de España fue, junto con el de Rusia y Egipto, el que más influencia causó en su obra. Pero, ¿por qué España?

Después de terminar Die Aufzeichnungen des Malte Laurids Brigge (El cuaderno de  Malte Laurids Brigge, 1910) Rilke se sumerje en una profunda crisis creativa y existencial de la que comenzará a liberarse en el Castillo de Duino, Italia, dos años después. Allí empezó a entretejer su obra maestra, Duineser Elegien (Las Elegías del Duino, 1923), la cual no terminaría hasta pasada más de una década. Sin embargo, durante ese periodo también escribió otras obras menos conocidas como la que hoy tratamos.

Rilke llega a España durante el otoño de 1912, atraído principalmente por El Greco y la ciudad Toledo. Rilke descubrió a El Greco en París, en 1908, gracias su amigo el pintor español Ignacio Zuloaga. Rilke encontró en la pintura del Greco los ángeles de sus poemas. Cuando observó la obra Vista de Toledo (El Greco, 1600 aprox.), descubrió la ciudad que conectaba con el mundo de esos ángeles. Estaba convencido de que Toledo supondría la cura de su crisis, y que aquel sería el lugar perfecto para elaborar las Elegías de Duino.

Rilke quedó asombrado con la ciudad: “una ciudad del cielo y de la tierra, pues está realmente en ambos; una ciudad que atraviesa  todo lo existente […], que existe en igual medida para los ojos de los muertos, de los vivos y de los ángeles”. Sin embargo, su producción literaria fue menor de lo que esperaba durante los meses que estuvo allí. Esto le frustró bastante, ya que Rilke es un “poeta otoñal”, pues solía encontrar la inspiración para escribir durante dicha estación. Decide entonces conocer Córdoba y Sevilla, pero no es hasta que llega a Ronda, en diciembre de 1912, cuando encuentra en esa histórica ciudad malagueña “su Toledo”.

La Trilogía Española se comenzó a escribir en Ronda, en enero de 1913, y pertenece a la poco conocida obra Gedichte an die Nacht (Poemas a la noche, 1913). Consta de tres poemas en los que el poeta, a modo de plegaria,  actúa como puente entre la realidad que está observando y el lector. El poema no sólo nos trasmite la belleza del lugar, pues también nos conecta con su mundo interior, una conexión entre el mundo visible y el mundo invisible, un mundo más hermético que sólo podemos alcanzar a través del lenguaje de las palabras.

La Trilogía Española, de la que hoy sólo presentaremos la primera parte, se relaciona por su estilo con las Elegías de Duino. Pero, además de ser un claro nexo de conexión con las Elegías, este poema puede representar un importante salto en la evolución de su obra hacia un estilo aún más simbolista. El poeta suplica incansablemente la unión de su interior-invisible con lo exterior-visible en un sólo Ser, y además destapa la soledad que sufre causada por lo desconocido.

535px-El_Greco_View_of_Toledo

 

Die spanische Trilogie

I

Aus dieser Wolke, siehe: die den Stern
so wild verdeckt, der eben war – (und mir),
aus diesem Bergland drüben, das jetzt Nacht,
Nachtwinde hat für eine Zeit – (und mir),
aus diesem Fluss im Talgrund, den den Schein
zerrissner Himmels-Lichtung fängt – (und mir);
aus mir und alledem ein einzig Ding
zu machen, Herr: aus mir und dem Gefühl,
mit dem die Herde, eingekehrt im Pferch,
das große dunkle Nichtmehrsein der Welt
ausatmend hinnimmt -, mir und jedem Licht
im Finstersein der vielen Häuser, Herr:
ein Ding zu machen; aus den Fremden, denn
nicht Einen kenn ich, Herr, und mir und mir
ein Ding zu machen; aus den Schlafenden,
den fremden alten Männern im Hospiz,
die wichtig in den Betten husten, aus
schlaftrunkenen Kindern an so fremder Brust,
aus vielen Ungenaun und immer mir,
aus nichts als mir und dem, was ich nicht kenn,
das Ding zu machen, Herr Herr Herr, das Ding,
das welthaft-irdisch wie ein Meteor
in seiner Schwere nur die Summe Flugs
zusammennimmt: nichts wiegend als die Ankunft.

Tajo-Ronda_2

La Trilogía Española

I

De esa nube, mirad, cómo oculta ferozmente
la estrella que justo ahí estaba – (y a mí).
De esa serranía de allá, cómo el viento nocturno,
en la noche, la toma por un instante – (y a mí).
De ese río en la vega del valle, cómo apresa
la luz de los claros del cielo rasgado – (y a mí).
Para hacer de mí, y de todo esto, una sola cosa,
Señor: de mí y de la sensación con la que el
rebaño, vuelto al redil, acepta expectante
ese gran, oscuro desvanecer del mundo -,
de mí y de cada luz en la lobreguez de las casas,
Señor: para hacer una cosa; de los extraños, de los
que a ninguno conozco, y de mí, señor, de mí,
para hacer una cosa; de los durmientes y
desconocidos ancianos en el hospicio, que
engreídamente tosen en sus camas, de los
soñolientos niños en tan desconocidos pechos,
de tanto desconocimiento, y siempre de mí,
tan sólo de mí y de eso que no conozco,
para hacer esa cosa, Señor, Señor, Señor,
esa cosa, a la vez cósmica y terrenal,
como un meteoro, que reúne en su
dimensión la suma de sus vuelos,
sin considerar nada excepto la llegada.

Gedichte an die Nacht (Poemas a la Noche), 1913. 
Traducción de R.M.B.
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